Coleccionar minerales es una bonita afición, que combina las ciencias de la Tierra con una actividad al aire libre, los viajes y por que no, también la camaradería y el contacto con gente de todo el mundo. Coleccionar minerales es un coleccionismo diferente, distinto a cualquier otro, ya que tiene la particularidad de que el objeto de la colección es en si mismo diferente, porque cada pieza de mineral es única, no hay dos iguales, no son creadas por la mano del hombre como pudieran ser los sellos, monedas o las pinturas; cada pieza es diferente y distinta, aunque sean del mismo mineral.

Esta característica, que comparte con el coleccionismo de fósiles, rocas y meteoritos, es lo que lo hace diferente. Asimismo se diferencia de estos últimos en la estética (colorido y forma) de los minerales, estética completamente distinta y fascinante.

Dado que los minerales son muy variados, hay muchos formas de coleccionar minerales. Hablaremos en este pequeño artículo de ellos, para ayudar a que el neófito que se acerca a este mundillo no se encuentre algo perdido. Este trabajo pretende servir de orientación para iniciar con buen pie su propia colección.

Criterios para coleccionar minerales

Estilos de colección

Resumidamente se pueden clasificar los estilos a la hora de coleccionar minerales según el tamaño de la pieza, por especie o grupo de especies, por localidad, región, mina o yacimiento (criterio geográfico), las colecciones estéticas y las sistemáticas; el criterio económico, y también hablaremos de las colecciones Dana.

Estos criterios no son excluyentes y se pueden organizar las colecciones siguiendo varios de ellos a la vez, por ejemplo una colección de piezas tamaño vitrina de ejemplares estéticos procedentes del distrito de La Unión, o una colección de piezas tamaño vitrina de cuarzo procedentes de la Sierra de Madrid, o una colección sistemática de micromounts procedentes de la Mina Clara, en la Selva Negra (Alemania).

Coleccionar minerales por tamaño

Es el estilo de coleccionar minerales más difundido y popular. Es importante definir los tamaños de las piezas para definir el tipo de colección.

Ejemplares minerales de diferentes tamaños, una idea de como coleccionar minerales:micro-thumnail-smallcabinet-cabinet.

Ejemplares minerales de diferentes tamaños:micro-thumnail-smallcabinet-cabinet.

Internacionalmente se reconocen las siguientes categorías de minerales, por orden de menor a mayor tamaño:

  • Micromounts (piezas de tamaño inferior a 2×2 centímetros)
  • Thumbnails o thumbs (de 2×2 hasta 4×4 centímetros, el tamaño de un pulgar)
  • Miniaturas (de 4×4 a 6×6 centímetros)
  • Small cabinets (SC’s o pequeñas vitrinas, de un tamaño entre 6×6 a 10×10 centímetros, aproximadamente el tamaño de un puño)
  • Cabinets (tamaño vitrina o Cab, que oscilan entre 10×10 a 15×15 centímetros)
  • Museo (todas las piezas de tamaño superior a 15×15 centímetros)

Normalmente el elegir uno u otro tamaño a la hora de coleccionar minerales depende muchas veces del espacio disponible para conservar la colección. En la actualidad está muy de moda, sobre todo en Europa y Estados Unidos, coleccionar minerales micromounts y thumbs, ya que al ser piezas pequeñas que se suelen guardar en cajas de plástico (metacrilato o PVC), fácilmente almacenables, y  que ocupan un espacio relativamente reducido, por lo que son más apropiadas para viviendas de pequeñas dimensiones, permitiendo al coleccionista poseer un gran número de muestras sin que ocupen demasiado espacio.

Las piezas pequeñas hacen bueno el dicho «lo pequeño es bonito», ya que usualmente las muestras pequeñas tienen cristales mejor formados, aunque su tamaño sea pequeño (no obstante también hay piezas de pequeño tamaño con cristales grandes, por ejemplo las piritas de Navajún aisladas (sin matriz), pero no es lo habitual).

Si resulta conveniente apuntar que para ver esta clase de minerales muchas veces será imprescindible usar una lupa, de las que hay muchas clases y modelos en los comercios de aparatos de óptica.

Yo recomendaría tener un triplete de 10 aumentos y una lupa estereoscópica de al menos 20 aumentos, siendo también interesantes las de 30 y 40 aumentos, pero no más. Recientemente ha aparecido en el mercado un periférico para ordenadores muy interesante, el microscopio USB, que permite fotografiar y ver micromounts y micro cristalizaciones de minerales cómodamente en la pantalla del PC doméstico.

Otra ventaja de coleccionar minerales micromounts y thumbs es el menor precio de las piezas a la hora de adquirirlas (aunque esto no se cumple siempre, todo dependerá de las características de la pieza en cuestión: especie, procedencia, rareza, etc.).
Sin embargo, estoy seguro que todos los coleccionistas tienen algunas piezas de tamaño vitrina (Sc o Cab) y miniaturas en sus colecciones. Estas piezas ocupan mucho más espacio y su conservación y manejo es algo más compleja. Si el coleccionista no es buscador de minerales se añade el inconveniente del precio de adquisición de los ejemplares, notablemente más alto que el de las piezas pequeñas. Los ejemplares de vitrina (y las miniaturas), si son estéticos, pueden alcanzar precios elevados, sobre todo en especies poco corrientes, procedentes de yacimientos agotados, cerrados, inaccesibles, o de localidades clásicas.

Fluorita - Frazer's Hush mine - Rookhope District - Weardale - North Pennines - Co. Durham - England - United Kingdom - 22 x 16 cm - cristal mayor de 9,5 cm. Colección privada Saulo Minerals. Fotografía de Ana Cubillo - ecomMinerals.rocks

Ejemplar Museum: Fluorita – Frazer’s Hush mine – Rookhope District – Weardale – North Pennines – Co. Durham – England – United Kingdom – 22 x 16 cm – cristal mayor de 9,5 cm. Colección privada Saulo Minerals. Fotografía de Ana Cubillo – ecomMinerals.rocks

Las piezas de museo son aquellas de gran tamaño, que normalmente presentan grandes cristales bien formados y suelen ser ejemplares de gran belleza, y por tanto raros. Estos ejemplares normalmente están fuera del alcance de los aficionados, salvo que ellos mismos los extraigan, porque el precio que pueden alcanzar no está al alcance de un coleccionista medio, ya que los grandes museos internacionales que buscan los ejemplares excepcionales pueden permitirse pagar por ellos grandes sumas de dinero. Estos son los ejemplares preferidos por los museos y exposiciones para su exhibición.

No obstante, como veremos más adelante, cualquier coleccionista con un poco de perseverancia y paciencia (que es la virtud más importante) puede juntar una colección de un buen nivel sin necesidad de invertir una cantidad excesiva de dinero en piezas.
La colección por tamaño se puede combinar con otros criterios, ya que como hemos comentado no hay criterios excluyentes, siendo muy típicos el criterio geográfico y el criterio por especie.

Coleccionar minerales por especie o grupo de especies

Este es otro criterio bastante típico, que lo he encontrado mucho entre coleccionistas de fuera de España. Consiste en coleccionar muestras de una especie o grupo de especies más o menos afines o con características comunes.

Como hemos citado anteriormente se puede combinar con otros, como el geográfico y el de tamaño. Hay ciertas especies muy típicas para coleccionar con este criterio: fluoritas, cuarzos, zeolitas, minerales secundarios del cobre, diamantes de Herkimer (variedad de cuarzo), baritinas, etc. Puede haber tantos criterios como uno pueda imaginarse. He citado estos en concreto porque he conocido coleccionistas que se dedicaban a estos grupos en particular. En este apartado se pueden incluir las colecciones de minerales radioactivos y las de minerales fluorescentes, ambas relativamente populares.

Coleccionar minerales por criterio geográfico

Otro criterio típico y que se ve con cierta frecuencia a la hora de coleccionar minerales es el criterio geográfico: coleccionar los minerales de una determinada región, yacimiento o mina. Hay coleccionistas que se han especializado en coleccionar minerales de una determinada área y buscan las mejores piezas de esa área geográfica o yacimiento; por ejemplo: minerales de Panasqueira o minerales del estado norteamericano de Ohio, o piezas de las minas de la Sierra de Cartagena.

Coleccionar minerales por criterio estético y el sistemático

Otro criterio de coleccionismo, que en mi opinión es el más importante junto con el tamaño es el que se refiere al tipo de piezas que uno va a coleccionar, cuáles prefiero: las estéticas o las sistemáticas. Definiremos primero ambos conceptos.

  • Las piezas estéticas son, obviamente, aquellas que poseen cristales bien formados que resaltan en la matriz y cuyo aspecto es estéticamente atractivo.
  • Las piezas sistemáticas son aquellas donde lo único que prima es la especie mineral, siendo su aspecto un criterio secundario.
Coleccionar minerales estéticos

En las piezas estéticas es muy importante que no existan cristales rotos ni dañados valorándose además las combinaciones de minerales así como las formas cristalinas menos comunes de la especie o especies dominantes en la muestra. En el criterio estético se busca la perfección en:

  • Calidad de la cristalización.
  • Rareza de la especie.
  • Rareza de la forma cristalina, existencia de maclas poco comunes.
  • La asociación de especies en el ejemplar. Cuanto menos frecuente es la combinación de minerales que contiene la pieza, más interesante es.
  • La no existencia de roturas ni golpes en los cristales así como que en la matriz de la pieza no existan marcas de extracción muy llamativas que afeen el ejemplar.

Las piezas estéticas no tienen por qué ser de gran tamaño. Muchos micromounts (por no decir la mayoría) cumplen sobradamente los criterios arriba enumerados. De hecho, el valor de una pieza aumenta conforme estos criterios se cumplen, siendo el último el primero e imprescindible en cumplirse, y lo primero que busca un coleccionista estético. Si los cristales presentan daños, la pieza pierde valor y muchas veces sólo puede ser objeto de coleccionismo sistemático.

Coleccionar minerales de forma sistemática

Al coleccionista sistemático se le reconoce en las ferias de minerales porque suele ir con su libro de mineralogía o con un listado de minerales buscando entre los coleccionistas y expositores aquellas piezas que no tiene para ir completando su colección, ya que el objetivo es tener el mayor número de especies posible. Suele coleccionar minerales en formato micromount ya que al ser el criterio predominante la especie, si no dispone de mucho espacio para la colección el tamaño es un problema a la hora de conservar las piezas.

Es justo decir que el criterio sistemático no está reñido con el estético. Muchos coleccionistas sistemáticos, por no decir todos, tienen piezas estéticas. El coleccionista sistemático puede valorar incluso más la rareza de la especie que el coleccionista estético. Muchas especies no aparecen formando grandes cristalizaciones y sólo es posible observarlas a la lupa o microscopio, y no son, por definición, de interés para el coleccionista estético.

Coleccionar minerales de forma autodidacta y de “talonario”

Estos son otros criterios interesantes, que en ningún caso se excluyen. Podríamos llamarlo el criterio del “origen” de las piezas. El autodidacta tiene piezas encontradas por él mismo en sus excursiones de campo y visitas a explotaciones mineras cerradas o en activo. Este coleccionista es el típico minero que anda rebuscando en viejas escombreras, se introduce en viejas galerías o incluso se descuelga por pozos en busca de muestras. Aúna el afán coleccionístico con el deporte de riesgo. Aunque no todos los buscadores andamos por ahí colgados de una pared, ya que no es necesario ser Indiana Jones para encontrar buenos ejemplares para nuestra colección y para intercambiar con otros colegas.

En los Alpes se da este tipo de coleccionista/buscador, mezcla de mineralogista, aventurero y alpinista.

El coleccionista de talonario no se complica la vida, simplemente acude a las ferias de minerales nacionales o internacionales, o ahora, gracias a Internet puede contactar con numerosos comercios fácil y rápidamente, y así compra las piezas que le interesan. No extrae el mismo sus piezas, y compra en función de sus disponibilidades económicas.

Personalmente pienso que se pierde mucha de la magia de la mineralogía cuando uno se limita a comprar las piezas en un comercio, pero también es cierto que muchas personas viven en grandes ciudades, lejos de zonas mineras y que ir a buscar minerales puede suponerles un engorro, no disponer de tiempo, no tener afán aventurero, no disponer de sitio ni medios para limpiar piezas, etc. y que para ellos comprar las piezas es mucho más cómodo y de este modo sacian su afición.

También es una forma de asegurarse que la pieza que adquieren está autentificada (salvo falsificaciones, que las hay, aunque si uno va a comercios de confianza este riesgo es prácticamente nulo), correctamente identificada, limpia e incluso en muchos casos ya preparada, etiquetada y conservada en urnas de metacrilato o PVC para protegerla.
No obstante, los coleccionistas-buscadores también compramos piezas, si estas nos merecen la pena por la razón que sea. No conozco ningún buscador que no haya comprado alguna pieza para su colección si esta le ha gustado y no ha encontrado otra forma de conseguirla, salvo excepciones, que haberlas haylas.

Las colecciones de minerales Dana

Es la forma más usual de coleccionar minerales en los Estados Unidos. El nombre le viene del mineralogista estadounidense Dana, autor de un libro de mineralogía que es el texto de referencia para los mineralogistas norteamericanos, así como de un sistema de clasificación de minerales, referencia en Estados Unidos (el sistema de Strunz lo es de los mineralogistas europeos).

James Dwight Dana (1813-1895) fue un importante geólogo, mineralogista y zoólogo estadounidense que realizó importantes estudios sobre la actividad de los volcanes (principalmente los de Hawaii), la formación de las montañas y el origen y estructura de los continentes. Asimismo publicó dos importantes libros de mineralogía: el primero de ellos es el Manual of mineralogy, importante texto, que ha sido revisado y ampliado, siendo la última edición (nº 22) del año 2002 conocido con el título de Manual of Mineral Science; y el segundo libro es el System of Mineralogy, donde aparece su clasificación. La última edición se denominó Dana’s New Mineralogy. Asimismo, su hijo Edgard Salisbury Dana (1849-1935) fue otro importante mineralogista norteamericano.

Este tipo de colecciones de minerales están algo más enfocadas a criterios geológicos y científicos, ya que en ellas se combinan piezas estéticas con otras que no lo son y de diferentes tamaños, incluso pedruscos sin el menor valor estético. La presencia de muestras que carecen de estética sólo se explica por el interés científico que la muestra puede presentar. Para ello las muestras deben estar correctamente catalogadas e identificadas y especificar las características que las hacen singulares con respecto a otros ejemplares.

En mi larga experiencia de intercambio me he encontrado con piezas que procedían de este tipo de colecciones: grandes, poco estéticas pero con una etiqueta detallada en la que se describía las particularidades del ejemplar al dedillo. Recuerdo así a vuelapluma un granate enorme y antiestético, mal cristalizado, pero que contiene en el interior una estaurolita, cuya etiqueta describe detalladamente esta particularidad. Guardo este espécimen como una curiosidad y un típico ejemplo de una típica pieza Dana.

Aquí podemos aprovechar para comentar que una colección puede seguir un criterio científico, sobre todo aquellas de centros docentes y museos. Pero no excluye que un aficionado pueda seguir también criterios científicos para formar una colección.

Asimismo los centros docentes suelen tener pequeñas colecciones con fines didácticos, que son el origen de muchas vocaciones tempranas.

Por último, no debemos olvidar que la información aportada por las etiquetas es valiosa para la investigación científica, sobre todo si comprende detalles menos habituales, como el lugar concreto de extracción de la pieza, fecha de recolección, etc. Hablaremos algo más de ellas más adelante.

Iniciación al coleccionismo de minerales

El conocimiento de los minerales o la afición a coleccionar minerales puede iniciarse de muchas formas: una visita a algún museo de ciencias que han proliferado últimamente por toda la geografía española, la visita al laboratorio del colegio o instituto, una visita a una feria de minerales o iniciación por un conocido que ya posee piezas.

Feria de minerales de La Unión

Feria de minerales de La Unión

Una vía menos corriente es la que siguió el que suscribe: tener familia relacionada con la industria minera y vivir en un distrito minero. Esto último, que no es lo más habitual, facilita el contacto con la mineralogía.

Otra vía que se da con cierta periodicidad es a través de coleccionables que han dado algunos periódicos, o colecciones de fascículos, que presentan además el aliciente de entregar piezas con la publicación. Sin embargo, es conveniente señalar que las piezas que entregan son de una calidad estética mediocre o directamente nula. Como el iniciado podrá comprobar, las piezas que aparecen en las fotografías de los libros y publicaciones especializadas no son las que uno puede encontrar con facilidad, y además, su precio es muchísimo más elevado que el que ha pagado por el coleccionable.

Una vez que una persona interesada empieza a coleccionar minerales, lo recomendable es contactar con alguna asociación de mineralogía, que en las grandes ciudades suele haber, algunas con carácter nacional. Estas asociaciones organizan actividades y salidas que sirven para contactar con otros coleccionistas y conseguir piezas. En la actualidad, Internet ha facilitado bastante el contacto y casi todas las asociaciones tienen su correspondiente sitio en la web para poder contactar.

¿Cómo conseguir piezas?

Hay tres formas: compra, intercambio y búsqueda propia.

Compra

La compra es la vía más cómoda, sólo es una cuestión de dinero y de decidir qué tipo de colección es la que nos interesa para elegir las piezas que formarán parte de ella. La compra se puede realizar en ferias, tiendas especializadas y a través de Internet, un canal que está en auge en la actualidad. Muchas veces la compra es la única forma de encontrar algunos minerales raros o muy buscados.

Intercambio

El intercambio es otra vía de obtención de piezas. Permite cambiar las piezas que no deseamos, normal-mente por haber conseguido alguna de mejor calidad, por otras que tienen otros coleccionistas que nos puedan interesar. Con el desarrollo de Internet en la actualidad es sencillo contactar con otros coleccionistas a través de foros, chats, y páginas web; permitiendo contactar con coleccionistas de todo el mundo, cosa que antes era muy complicado y oneroso, ya que implicaba viajar a las principales ferias internacionales.

Hablando de ferias, estas son una importante vía de contacto entre coleccionistas y comerciantes, muchos de ellos a su vez coleccionistas. En ellas se compra y se vende, aparte de servir para intercambiar experiencias y conocimientos, comprar publicaciones y complementos como lupas, peanas, etc. Muchas veces las ferias tienen mesas de cambio, donde los aficionados exponen el material que tienen para intercambiar. Muchas veces en estas mesas se encuentran muy buenos ejemplares. Asimismo hay asociaciones que entre sus actividades organizan mesas de cambio.

El intercambio a través del correo también es una buena opción, sobre todo si uno vive en Europa y otro en Estados Unidos.

Cómo realizar intercambios de minerales

Para realizar esta actividad con garantías es recomendable seguir estos sencillos consejos:

  1. Ante todo NO ENGAÑAR. No debemos decir que tenemos el oro de las minas del Rey Salomón y luego enviar escombro. Eso sencillamente es contraproducente y no tiene el menor sentido. Gracias al correo electrónico, las cámaras digitales o los smartphones se pueden enviar fotografías de las piezas que uno tiene para cambiar. Así todos sabemos lo que tenemos y lo que nos interesa y evitar malentendidos. Es estúpido gastar dinero en enviar escombro para no conseguir nada más que quedar como un tramposo. Yo personalmente corté algún cambio cuando vi que en el primer intercambio la calidad del material recibido no se correspondía ni lo más mínimo con el pactado previamente.
  2. Ser serio y diligente, o sea, efectuar los intercambios con diligencia, no esperar meses antes de contestar. Y empaquetar correctamente las muestras para evitar, en la medida de lo posible, que los golpes que indefectiblemente sufrirán los paquetes no dañen las piezas. Puedo asegurar que los servicios de mensajería tratan las cajas literalmente a patadas.
  3. Acordar la forma de envío y el número de piezas a intercambiar para tener un control del mismo.
  4. Recibirás la calidad que envíes. Si mandas buenas piezas, recibirás buenas piezas, si mandas material algo más discreto, recibirás material algo más discreto. No hay que pensar que tu contraparte es tonta. Como mínimo sabe lo mismo que tú o más.

Siguiendo estos consejos tendremos éxito en los intercambios por correo, y estos nos depararán agradables sorpresas. Buena parte de mi colección de minerales la he conseguido siguiendo este método, que vistos los resultados resulta muy económico, como puede verse en algunas de las piezas que ilustran este artículo, obtenidas siguiendo este método.


Este sistema tiene además la ventaja de permitir la obtención de piezas que sencillamente no tienen los comerciantes, por ser material antiguo, o de minas y localidades poco conocidas fuera del ámbito local del buscador.

Ah, aunque parezca una tontería, si uno quiere conseguir piezas del extranjero es prácticamente imprescindible manejarse bien en inglés, al menos de forma escrita.

Las etiquetas

Difícilmente podremos saber qué tenemos si nuestros ejemplares no están correctamente etiquetados e identificados. Tanto es así que las etiquetas, aunque sean manuscritas son reclamadas por el coleccionista para conservarlas junto al ejemplar, añadiendo su propia etiqueta en el caso de un posterior intercambio o venta del mismo. Así tenemos una “trazabilidad” del ejemplar, sabiendo a quién ha pertenecido anteriormente, donde fue adquirido (si la etiqueta es de un comerciante) o por quién fue extraído. Es también interesante fechar la pieza. Así se va creando una ficha que viajará con el ejemplar, cambiando de manos junto con el mismo.
Las etiquetas pueden diseñarse por uno mismo o, si uno no es muy habilidoso o no le interesa el diseño, utilizar diseños que existen en algunos sitios de Internet dedicados a la mineralogía.

El valor de una colección

Los criterios que hacen que una pieza de mineral tenga más o menos valor como pieza de colección son los siguientes:

  • Calidad de la cristalización. El mineral bien cristalizado, sin imperfecciones, con cristales de gran tamaño siempre tiene más valor que el que no presenta estas características de modo destacado.
  • Rareza de la especie. Las especies raras siempre tiene mayor valor, sobre todo si estas están cristalizadas o presentan una buena estética.
  • Tamaño del cristal. A mayor cristal, mayor valor. Sin embargo, la perfección a veces está reñida con el tamaño del cristal. Normalmente los cristales grandes son menos perfectos que los cristales pequeños.
  • Rareza de la forma cristalina. Por ejemplo, un cuarzo faden o gwindel es más valioso que una drusa normal. Asimismo una macla del Japón es mucho más valiosa que una geoda y una geoda más valiosa que una drusa.
  • Rareza del color. Si una especie es por ejemplo blanca, y raramente roja, los ejemplares rojos serán más valiosos que los blancos.
  • Asociación de especies en el ejemplar. Muy típico en los minerales secundarios. Las combinaciones poco frecuentes son muy buscadas. Por ejemplo un cobre nativo es una especie poco corriente, pero un cobre nativo asociado a calcotriquita, que es una variedad rara de cuprita, es una pieza rara y por tanto mucho más cara.
  • La existencia de matriz. Normalmente, las piezas en matriz son más valiosas que las que carecen de ella.
  • Estado de conservación de la pieza. La ausencia de golpes y daños en la pieza es condición necesaria para que no pierda valor. La pieza puede ser rara, pero si esta dañada su valor decae notablemente.
  • Yacimiento de procedencia y antigüedad de las piezas. Las piezas de yacimientos clásicos (del siglo XIX y anteriores) tienen más valor que las más modernas. Las piezas procedentes de minas agotadas son también más valiosas. Las piezas procedentes de minas cerradas también lo son. Sirva el ejemplo siguiente del que fui testigo: los granates de la mina Jeffreys, en Asbestos, Canadá, mientras estuvo abierta eran relativamente fáciles de encontrar en el mercado a precios bastante razonables. Cuando esta mina cesó su actividad hace unos años, su precio se multiplicó de golpe por 10 y desaparecieron prácticamente del mercado, siendo actualmente bastante difíciles de conseguir. Otro ejemplo sucedió hace algún tiempo en un portal de subastas de Internet, se subastaba una pieza de una plata roja (proustita) proveniente de Chañarcillo, Chile; y extraída en el siglo XIX, con un gran cristal muy bien formado y perfectamente conservada. El precio de salida fue de 800.000 dólares. Ignoro si al final se vendió. La antigüedad de una pieza suele incrementar el precio de la misma, siempre que el ejemplar sea de calidad
  • Historial de la pieza. Aquí entra en juego la etiqueta de la pieza, que nos permitirá conocer su historial y avatares. Si la pieza proviene de alguna colección importante o de los fondos de un museo siempre tiene el plus de valor que le añade el prestigio de la colección de la que procede.
  • Citas. Si la pieza proviene de un yacimiento muy citado en los libros por ser típico para la especie, o del yacimiento “tipo” (donde se describió por primera vez), puede tener más valor que las que proceden de otras localidades menos conocidas.

Estos criterios permiten valorar una pieza. Sin embargo también hay que decir que el valor siempre es algo subjetivo, y que el mercado de minerales guarda ciertas similitudes con los mercados de arte o antigüedades (aunque a una escala obviamente mucho menor): las buenas piezas siempre tienen valor. No obstante, al ser un mercado extremadamente ilíquido, el valor monetario de una pieza queda sujeto al acuerdo entre comprador y vendedor.

Por otro lado coleccionar minerales con el objeto de realizar una inversión ante situaciones de crisis económica considero que no son una inversión segura por lo difícil que es establecer un valor para cada pieza y la extrema iliquidez y el pequeño tamaño del mercado y los riesgos de rotura de la pieza o su posible alteración (que puede pasar, y pasa, ¿a qué coleccionista no se le ha roto una pieza al manipularla?), que pueden hacer que su valor se esfume por completo; a pesar de lo que algunos comerciantes quieren hacer creer para vender más. Si uno quiere invertir en minerales, debe ser muy cuidadoso con lo que compra y no gastar una parte importante de su patrimonio en piezas. Hay que actuar como en la bolsa de valores, invierte una parte del dinero que no necesitas, pero una parte pequeña.

Ejemplo de colecciones de minerales

La colección Folch

La colección Folch fue formada por el ingeniero catalán Joaquín Folch Girona (1892-1984) está considerada la mejor colección privada de España y una de las mejores del mundo. Está compuesta por 2 colecciones, una principal que comprende unas 10.000 piezas, y otra secundaria con piezas duplicadas, que comprende unos 15.000 ejemplares.
La afición del Sr. Folch a los minerales empezó en su infancia, influido por dos factores: la relación familiar con la industria minera y su afición a la montaña.

El Sr. Folch fue uno de los fundadores de la Mineralogical Society, y durante su vida tuvo relación con importantes mineralogistas y coleccionistas de todo el mundo. Asimismo fue un impulsor del coleccionismo mineralógico en Cataluña. Ostentó el cargo de presidente honorario del Grupo Mineralógico Catalán, una de las primeras asociaciones de aficionados a la mineralogía de España.

Es sorprendente el logro del Sr. Folch, teniendo en cuenta que no existían apenas museos ni tradición mineralógica en España a principios del siglo XX, ya que la mineralogía en España a nivel de afición es una actividad relativamente reciente, muchísimo más tardía que en otros países de Europa, como Gran Bretaña y Alemania.

La colección Folch reúne piezas de excepcional calidad, muchas de las cuales se consideran de las mejores del mundo, reunidas con criterio estético, geográfico y científico, juntando especímenes muy poco frecuentes, de gran calidad y de numerosas localidades. Destacan dentro de ella los sulfuros, los minerales provenientes de los Alpes suizos, Panasqueira, Brasil, Namibia, Estados Unidos, Cornualles y piezas españolas actualmente casi imposibles de encontrar, como las piromorfitas de El Horcajo.
Afortunadamente los herederos del Sr. Folch conservan la colección, y siguen gestionándola mediante la venta de ejemplares duplicados y la compra de nuevas piezas.

Búsqueda de ejemplares, riesgos en la búsqueda de minerales

La búsqueda de piezas es la sal de la afición, es lo que mantiene viva la pasión por coleccionar minerales. Casi todos los coleccionistas gustan de salir al campo a recoger sus propias muestras. Pero hay que tener en cuenta algunas normas básicas para no tener desagradables sorpresas. Como cualquier actividad al aire libre, la búsqueda de minerales presenta riesgos que no deben tomarse a la ligera.

Penetrar en pozos y galerías abandonadas requiere del equipamiento de seguridad y la planificación adecuados, así como tener una buena forma física; no son actividades que se puedan ejercer de cualquier modo. Asimismo la visita de explotaciones a cielo abierto presenta riesgos no menos importantes. Lamentablemente en alguna ocasión se han producido accidentes que han llegado a tener consecuencias fatales. Lo mejor para iniciarse en las salidas de búsqueda es afiliarse a alguna asociación que las organice y siempre debe uno guiarse por el principio de prudencia y realizar las salidas en grupo.

Debe tenerse en cuenta que si la mina está en actividad, no será posible acceder a las labores sin el correspondiente permiso, asimismo necesario para el acceso a fincas privadas.

Otra regla que se ha de cumplir por el bien de todos, y que lamentablemente no se cumple siempre, es el respeto a la naturaleza: no arrojar basuras ni dejar residuos tales como botellas o pilas gastadas. Es muy descorazonador encontrarse en las minas deshechos que son fácilmente transportables al exterior. También hay que evitar realizar destrozos innecesarios al extraer las piezas, y menos aún expoliar los yacimientos. Yo no soy partidario de extraer aquello que para sacarlo haya que provocar un daño excesivo o no haya la seguridad de extraer la muestra sin estropearla.

Otro problema y no menor se presenta cuando se pretende recolectar piezas en alguna zona incluida en alguna figura de protección de la naturaleza o del patrimonio histórico. En estos casos suele estar prohibida la recolección de minerales, por lo que su extracción implicará la correspondiente sanción. Es conveniente informarse antes de ser multado.

Sin embargo, hemos de reconocer que la actitud de algunos “coleccionistas”, que son más expoliadores que otra cosa, no ayuda al reconocimiento que esta afición merece, por su interés científico. Muchos minerales y yacimientos han sido citados y descubiertos para la ciencia por primera vez por coleccionistas aficionados. Asimismo han podido recuperar piezas de yacimientos que actualmente son inaccesibles debido a que el acceso se ha vuelto impracticable. Esto es algo que se olvida con mucha facilidad, por lo que las críticas que a veces se reciben provenientes de determinados círculos académicos son exageradas y a veces infundadas, sobre todo cuando los mismos que critican piden luego colaboración y asesoramiento en esta materia para formar colecciones para instituciones públicas o para documentar sus propios trabajos científicos.

Agradecimientos: a D. Jose Inchaurrandieta Ramallo por sus sugerencias a la hora de redactar este artículo.

Saulo Minerals por colaborar con algunas fotos de minerales de su colección.

Bibliografía colección Folch: La colección mineralógica de Joaquín Folch Girona: Una época, un ejemplo. Rocks & Minerals, vol 84, nº 6 – Nov/dec 2009.